aún nada…
Septiembre 1, 2009
Todavía no tengo nada que decir…
En serio, he pensado un par de horas, he leído por momentos, hasta me quedé
dormido como un mal-logrado intento de soñar con algo que me diera alguna
idea sobre cómo decir lo que quiero.
Tal vez es simplemente una excusa para no mostrar qué tan bajo puedo
llegar.
As the stranger talks…
Mayo 13, 2009
Giré por la esquina, después de habernos despedido, no sé cuanto tiempo caminé con la mente en blanco, evadiendo cualquier pensamiento, mire hacia atrás y no ví nada.
Se oían bastante las palabras de la gente al pasar, parecía una música estridente.
Llegué a mí casa y subí a la azotea. Se había quedado una noche muy agradable y unas nubes delgadas navegaban oblicuamente entre las estrellas. Suspiré hondo. A veces nos olvidamos de lo bueno que es suspirar. Algo aflora atraves del maquillaje del alma. Es una necesidad física de tregua, como bajar el telón para empezar otro acto. Y contener el suspiro puede proporcionar trastornos.
Estaba empezando el mes de mayo. Me senté en el piso, encendí un cigarro, me acordé de unas horas antes y me eché a llorar desconsoladamente.
12 de Mayo de 2009
para J.
Abril 1, 2009
Se que estamos llenos de deseos que nos separan. No presumas de que eres más inteligente por que notas esa forma de “no estar ahí” que para cada uno tiene el otro cuando el calor del beso se apaga. Yo me doy cuenta más que tú todavía, sólo que no me enfada, lo encuentro natural, como dormir un poco cuando se está cansado. Dices: “te estás evaporando”, y suena a reproche. Yo lo llamo entrar a un escenario nuevo, te lo dije ayer y no veo que sea ningún pecado, me gusta haberlo dicho por que es lo que me pasa en momentos así. Por ejemplo, cuando no te hago caso y me quedo mirando el cielo. De nada te sirve entonces preguntarme con rabia: “¿Qué piensas?”, forzándome a que atienda y quite los ojos del cielo. No me zarandees, déjame, no sé explicar lo que pienso. Pero cuando miro el cielo, es la eternidad. Es lo único que sé. Estoy viendo lo de ayer y lo de mañana, y lo de después de morirme, aunque sin contornos. Y me gusta ese vértigo
CERRADO
Junio 11, 2008
CERRADO está oficialmente ¡cerrado!.
Favor de esperar a qué el dueño de este blog inicie uno nuevo.
Gracias.
libres
Febrero 23, 2008
Mientras fumaba y veía caer la noche a plomo sobre mí, lo único que he hecho ha sido pensar en mis amigos, me he dado cuenta de que la única alternativa que nos queda a estas alturas es la de perdernos cada uno por su lado, sin andar imaginando que vamos a compartir siempre nuestras alegrías y penas, por mucha noticia que nos demos de ellas. Su vida, aunque sólo la atisbo a través de una rendija, está claro, que lleva un ritmo distinto de la mía. Y es que hemos crecido.
Crecer es empezar a separarse de los demás, claro, reconocer esa distancia y aceptarla. El entusiasmo de aquellos encuentros juveniles con personas que despertaban nuestro interés se basaba en que dábamos por supuesta una permeabilidad continua entre nuestra vida y la de ellos, entre nuestros problemas y los de ellos, parecía posible nuestra anexión. Es cierto que aún se dan momentos en que surge esa ilusión de permeabilidad, pero son momentos extraordinarios y fugaces, a los que no se puede pedir continuidad, vigencia permanente. Yo antes (y sé que todos) estaba seguro de que la gente que me quería nunca se iba a desatender de mí, que mi vida era indispensable para la suya. Pero, en el fondo, lo que quería es que no me dejaran nunca de necesitar. Pues no. Luego ves que no, y además es mejor que nadie te necesite mucho.
memoria… entendimiento… voluntad…
Febrero 21, 2008
Creo que voy de sobresalto en sobresalto, deshaciendo nudos confusos que entorpecen la labor, y siempre me queda la duda de si los habré deshecho bien o mal: no tengo ni idea.
Me pasaba igual con los exámenes de Matemáticas, nunca reprobé en Matemáticas, y llegue a sacar dos veces una calificación alta, una en segundo y otra en tercero. Me parece increíble, pero resulta que es verdad. Verdad oficial. Hoy lo he visto escrito y firmado en mi antiguo cuaderno escolar, que ha aparecido en el fondo de un cajón grande y revuelto donde estaba hurgando en busca de un papel (no sé cuál) que me había pedido mi madre para no sé qué. Tengo la ligera idea de que podía ser amarillo y estar arrugado. ¿Pero y qué, aunque acertara? Ni aprendería nada nuevo, ni me habría divertido. Es un jeroglífico sin aliciente ninguno, de los muchos que nos equivocan y ponen parches al jeroglífico verdadero. Jeroglífico verdadero. Lo dije varias veces a media voz, deletreando la frase, inventando pausas que la deformaban, columpiándome en su vaivén. “Jero-glífi-co-ver-da-dero-jero.” Siempre me ha gustado colgarme de las palabras, desde que era muy pequeño, es un juego de cierto peligro, como agarrarse a una argolla, que a su vez está colgada del vacío. Y por eso mismo apasiona.
Estaba sentado en un tapete, delante del cajón abierto donde tal vez pudiera encontrarse el papel amarillo, y me quedé mirando a la ventana mientras canturreaba la frase y la deshacía y la volvía a tomar. Estaba atardeciendo. Pasaban una nubes rosáceas que se movían sin sentir, que sin sentir mudaban el perfil, de consistencia y de color. Todas las formas que iban tomando, a cuál mas sugerente, eran cuchilladas de fugacidad que clamaban por ser descifradas. Desde siempre, desde el principio de los siglos; un texto variable e infinito como el de nuestros viajes interiores. Viajamos con las nubes que se disgregan y oscurecen, cambiamos con ellas sin darnos cuenta, a tenor de su frágil dibujo condenado a la agonía antes de que nadie lo haya entendido. En las nubes, y nunca en los papeles, está el jeroglífico verdadero.
Seguí buscando el papel, pero buscaba desganadamente, a contrapelo, sin fe de encontrar nada. Porque además, al abrir el cajón, se había desprendido el tirador que tenía los tornillos flojos, me quedé con él en la mano. Y eso ya me avisó de que no sirve tirar de los asuntos que no interesan.
¡Pero son tantos! Proliferan por su cuenta, tenaces como la mala hierba, al margen del interés que despierten o dejen de despertar, eso es lo malo. Cada año, cada mes, cada día, un estrato más de papeles que me implican, que llevan mi nombre y aveces hasta mi firma. ¿Tan larga ha sido mi vida, tantos papeles he podido criar? Aunque me pese son asuntos que tienen que ver conmigo; alguien me va a pedir cuenta de ellos tarde o temprano. Y ese día tendré que buscar el papel correspondiente, reconocerlo por su fisonomía. Me instarán a hacerlo de forma perentoria, sin andar preguntando si me repugna o no, como cuando te llaman para identificar a un muerto y no tienes más remedio que ir y levantar la sábana.
Antes de toparme con el cuaderno escolar, me estaba acordando de lo mal que lo pasé la primera vez que tuve que asistir con el psicólogo, de las ganas de desaparecer que tenía. Y sólo de acordame ya se me volvían a presentar los mismo síntomas. Por dos veces, dejando de revolver el cajón, me pregunté, sentado allí en medio del tapete: “¿Qué hago yo en este sitio? ¿Qué quiere decir “yo”?” Y de verdad que todo me daba vueltas, me empecé a asustar, porque la sensación de extrañeza se aceleró vertiginosamente, y me iba engordando por dentro del cerebro como un tumor maligno, que dañaba a la memoria, al entendimiento y a la voluntad. Y me sorprendí repitiendo entre dientes, como si invocara a los dioses en un trance de sumo peligro: “memoria… entendimiento… voluntad…” y no sabía quién era ni desde qué hora ni por qué estaba sentado encima de aquel tapete. Solamante identificando al tapete como la alfombra de Aladino conseguía un respiro a mi angustia, pensando que tenía que concentrarme si quería que se echara a volar. Y en esos tramos se recomponía el hilo de la voluntad. Porque sí quería. Era lo único que quería: salir volando por la ventana surcar el cielo, antes de que se borrara el mensaje de las nubes.
En el cuaderno escolar con pastas duras de color azul, encontré un carnet con una foto. Seguro que ese niño con cabello despeinado y cara de interrogación en algún momento supo resolver problemas de Matemáticas; si no, no lo habrían aprobado. Pero él no entendía de números. Los números eran un mero dibujo inalterable y los nombres que los designaban no daban pie a la fantasía. Volví a mirar por la ventana y se empezó a recomponer el hilo de la memoria. Un chico despeinado y con ojos adormilados en clase de Matemáticas, y el profesor que dice: “Está usted en las nubes, joven Tintori”
A él le gustaba inventar palabras y desmontar las que oía por primera vez, hacer convinaciones con las piezas resultantes, separar y poner juntas las que se repetían. Alternando la F y la G, por ejemplo, salían diferentes modalidades de paz, de muerte, de santidad y de testimonio: pacificar y apasiguar, mortificar y amortiguar, santificar y santiguar, testificar y atestiguar; era un juego bastante divertido para hacerlo con diccionario. Palabras como “filo” que quería decir amistad y “logos” que quería decir palabra, abrigaban mucho y permitian variaciones muy interesantes. El un día los puso juntos y resultó francamente un personaje genial: el filólogo o amigo de las palabras. Lo dibujó en un cuaderno tal como se lo imaginaba, con gafas color azul, un sombrero puntiagudo y en la mano un cazamariposas grande por donde entraban frases en espiral a las que pintó alas. Luego vino a saber que la palabra “filólogo” ya existía, que no la había inventado él. ”Pero da igual, lo que has hecho es entenderla y aplicarla” le dijo un buen amigo “No dejes nunca el cazamariposas. Es uno de lo entretenimientos más sanos: atrapar palabras y jugar con ellas.” O sea que le daba alas. Y el les daba alas a las palabras, porque era su amigo, y porque ser amigo de alguien es desearle que vuele. Dibujó otra versión del filólogo más detallada, y esta vez tenía trenzas rubias. A su espalda, un ángel de pelo escaso y naríz aguileña le estaba prendiendo en los hombros unas alas plateadas.
Al profesor de Matemáticas, en cambio, no le divertían nada estos juegos de palabras, le parecían una desatención a los problemas serios, una manipulación peligrosa del dos y dos son cuatro, una pérdida de tiempo. Cuando un buen día, si más preámbulo, empezó a hablar de logaritmos, hubo en calse una interrupción inesperada y un tanto escandalosa. El chico del cazamariposas había preguntado si aquello, que oía por primera vez, podía significar una mezcla de palabra y ritmo. El prefesor se enfadó. “No viene al caso. Está usted siempre en las nubes. Le traería más cuenta poner atención”. El chico despeinado, que ya estaba empezando a pactar con la realidad y a enterararse que las cosas que traen cuenta para unos no la traen para otros, apuntó en su cuaderno: “Logaritmo: palabra sin ritmo y sin alas. No trae cuenta.”
Lo miro en la foto. Es bastante guapo y gracioso. Pero ¿cómo se imaginaba los logaritmos? ¿cómo se las arreglo para lidiar con ellos sin saber lo que eran? No queda el menor rastro. Yo ahora, si digo “logaritmo”, “guarismo”, “raíz cuadrada” o “ecuación” veo bastoncitos color gris que reptan por la alfombra de Aladino como una procesión de gusanos. Y no se atreve uno a tocarlos. Unidades, decenas, centenas, millares, pi, tres-catorce-dieciséis. Dan grima. Se enredan unos con otros, se arremolinan en mi costado izquierdo (porque ya, vencido, me he tumbado en el tapete), y los miro de reojo, lleno de presión, avanzar camino abajo, sortear mi torso, contornear mis piernas. Desplazarme tampoco puedo: estoy cercado. Descubro que hay otra procesión de gusanos, igualmente nutrida, que baja por la derecha más aprisa, estos son verdes, y al llegarme a los pies, dan vuelta y confunden su caudal con el del banco gris. Bullen mezclados, se agrupan y conspiran, como genios del mal que son. Da la impresión de que pesan poco y de que si los soplara se dispersarían como una bandada de plumas. Pero es un error óptico. Pesan más que la alfombra, y entre todos impiden que levante el vuelo. No me dejan olvidar que están ahí. Tampoco el prisionero puede olvidar los barrotes de la cárcel.
Los gusanos verdes son las horas muertas, las horas podridas de mi vida entera, horas gastadas en sortear los escollos de la realidad para lograr aprobar materias que no me acuerdo de qué trataban, en las que ni siquiera me doy por examinado, a pesar de haber lidiado tanto con ellas. Porque lo único que sé de esas asignaturas es que siempre hay que estar haciéndoles frente como si fuera la primera vez, y el miedo a suspenderlas sigue siendo el mismo. Muy parecido, además, al miedo de haber perdido los papeles donde pudiera constar que se han aprobado. Se estudiaban para la calificación. No eran optativas. Aprobado en hijo de familia, aprobado en amistad, aprobado en noviazgo, aprobado en el hogar y un sin fin más… Todas esas materias pueden llegar a ser apasionantes. Depende de cómo se tomen. Pero se parecen a los problemas de logaritmos en una cosa: en que de una vez para otra ya no se sabe cómo se resolvieron, ni por que los tenía uno que resolver. Gusanera gris y gusanera verde de conocimientos borrosos, discutibles, agobiantes.
Dans Le Monde Entier
Febrero 21, 2008
No tengo ganas de escribir nada aquí esta noche (prometo hacerlo pronto).
Mientras llega la inspiración, dejo la traducción de una canción de Françoise Hardy: “Dans Le Monde Entier” … para mí una de las mejores de su extenso repertorio…
“DANS LE MONDE ENTIER”
Dans le monde entier, cette nuit est pareille
A tant d’autres nuits quand disparaît le soleil
Où tant de bonheur côtoie tant de détresse
Tant de choses meurent
Pendant que d’autres naissent
Tant de choses meurent
Pendant que d’autres naissent
Mais ce soir tu n’es pas là
Ce soir tu ne viendras pas
Et tu es si loin de moi
J’ai peur que tu m’oublies déjà
Que m’importe alors
De savoir plus ou moins
Si d’autres cette nuit s’aiment ou bien ont du chagrin
Si d’autres se déchirent ou se rejoignent enfin
Rien n’a d’importance sinon que tu es loin
Et que cette nuit
De toi, je ne sais rien.
“EN EL MUNDO ENTERO”
En el mundo entero, esta noche es la igual a tantas otras noches
cuando desaparece el sol
Donde tanta felicidad va a lo largo de tanto desamparo
Tantas cosas mueren
mientras que otras nacen
tantas cosas mueren
mientras que otros nacen
Pero esta tarde no estas aquí
esta tarde no vendrás
Y si estas tan lejos de mí
tengo miedo que ya me hayas olvidado
Que me importa entonces saber más o menos
si otros esta noche se quieren o bien tienen pena
Si otros rompen o se reúnen por fin Nada tiene importancia sino que estás lejos
Y qué esta noche de ti, no sé nada.
(F. Hardy)
El enlace del video: http://youtube.com/watch?v=OutBYPMWGBE
cómo girar sin dar la vuelta
Noviembre 27, 2007
Cada persona dentro de su propio infierno, hundidos y destinados a lamentar sus errores, aprender a disfrutarlos, llorar en silencio. Escribir sus penas, crear sus fantasías, aparentar normalidad… pero qué es la normalidad sino mentiras que creamos para sentirnos bien.
Abriendo heridas para recordar momentos, lastimando al presente, mintiéndole a todos, usando las viejas y gastadas máscaras que ya poco pueden ocultar.
El rostro manchado de lagrimas que no valieron la pena, palabras olvidadas que siguen haciendo eco en los peores momentos. Así de simple es deprimirse, así de fácil es dejar de luchar y bajar la mirada para observar a los caídos. Sentirse mejor con la depresión ajena. Burlarse de los derrotados e ignorar por un segundo que se es parte ellos.
Largas caminatas acompañadas por un fúnebre soneto y fingiendo que todo es agradable, la falsa sonrisa se borra poco a poco, cada día es más difícil mostrarla. Cada día es más difícil levantarse y mirar al frente.
La historia de cada persona es su propio infierno, su propia vida y como tal no me interesa. Soy egoísta, me encierro en mi pequeño entorno para lamentar las pérdidas y el futuro que no está, lo que pudo ser.
Por momentos digo que es un error, una pérdida de tiempo que no lleva a ningún lugar, luego me siento bien y puedo respirar con tranquilidad. Al menos por unas horas.
Huyo a mi refugio que no me reconforta, no me ayuda a olvidar, pero evita que todo empeore. Me siento en silencio hasta que todo parece normal, cuando ya no hay ningún sonido más que el de mi respiración.
Un silencioso suspiro rompe la tranquilidad, una nueva fantasía que ayudará a que el próximo despertar sea soportable. Podré manejarlo sin pensar dos veces en prohibirme el mañana.
maldita voz de mi inconsciente
Noviembre 1, 2007
Y de nuevo aparece esa voz sin invitación…
Sabes, es bueno llorar algunas veces.
Sí, lo sé.
Y por qué no lo haces ahora?
No lo sé, no se me ocurre ninguna razón.
Aceptas sugerencias?
No.
Sabes, parece muy pesada la carga que llevas.
Cuál carga?
Vamos, no finjas, te conozco muy bien, te he observado durante varios días y hay algo diferente.
Sigo sin entender de lo que hablas.
Mmm… a ver, cómo explicarlo? Digamos que ya tuviste suficiente.
Suficiente? Nunca es suficiente.
Entonces que esperas?
Que todo termine de una forma ordinaria.
Te conformarías con una despedida? Ya sabes una última vez.
No me gustan las despedidas, la mayoría de las personas con las que me he topado prefieren irse y nada más.
Ya cambiamos de tema?
No lo sé, cuál era el tema?
Razones para sentirse mal.
Entonces sí, dejemoslo en razones para sentir.
Se te ocurre alguna?
No.
Sabes, no todo está tan mal, hay alguien allá afuera.
Ya vas a empezar?
Bueno ya no digo nada.
Está bien, entonces continuamos otro día.
La mayor parte de los fracasos nos vienen por querer adelantar la hora de los éxitos.
Amado Nervo
